Hacia el atardecer la plaza volcaba el sol en la fuente,
nada se movía en el aire ni en la tierra.
Sentados como estatuas en los adoquines de piedra
esperando un indicio o una sorpresa.
Calma, sosiego, lagartijas de la siesta
rampan por la paredes escrupulosas y tiernas.
La calle de enfrente sinuosa y traviesa
es la que siempre avisa si asoma el viento fresco
con su capa trasparente y sus alas tobilleras.
Viene del oeste mojado hasta las orejas.
Le digo a Rafa si nota que algo llega
seseante por el suelo y las azoteas.
Apenas se oye,
es una brisa que levanta y refresca
Mi falda inquieta son velas de navío
que busca rumbos inciertos hacia mares y carabelas.
Poniente tan necesario en este laberinto solano
vigila minaretes y campanarios encapuchados.
Susurra trepando vertebral hasta la nuca
Sí, Koora
Te convertiré en vergel,
en patio con estela de mármol
donde aparezca escrito:
Aire de Océano llegará para calmar
una tarde de verano meridional.

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