LA HORA DE LAS LUCIÉRNAGAS
Eran las doce y acababa de terminar el programa pero se quedaría un rato para preparar la escaleta del día siguiente porque Enrique estaba de vacaciones. En la emisora sólo quedaban él y Pedro, el técnico de sonido, que le hizo una señal para cerrar el programa con la banda sonora de Interstellar. Rafael llevaba años haciendo el turno de noche; en la cabina acolchada con solo un cristal visible al cuarto de monitores le hacía fantasear navegando por un espacio sonoro. Su comunicación al exterior era a través de los “otorrinos blancos”; un diámetro encajado en la circunvalación receptora…
Algo nervioso y expectante le hizo mirar la valija de su bandeja personal. Ahí vió la carta. La recibía en acontecimientos como el de hoy. La última hace algo más de un año; la usaba como mapa para llenar los días de las infinitas ondas hertzianas . Una pequeña quietud en el temblor de las manos le hizo mirar el remite «Llámame Lunes».
—Sí, es ella —a la par que ensalivaba el pensamiento y la garganta
Desdobló el escrito como el que va a emprender una nueva ruta a un lugar innombrable y que nunca deja de buscar. Y comenzó a leer…
Que bien sienta estar de vuelta después de un viaje largo. Descansar en las simetrías, si no mi mente se disloca. Vuelan las horas en unos instantes alineados como el agrimensor en el orden de las cosas. Aquí en tú espacio cabe una posibilidad de tocar sentimientos y aliviar el freno de mi tacto. “Síndrome de no corporizar el afecto”, los científicos lo llaman un Asperger de grado uno. Solo la luciérnaga y el murciélago saben estar frente a frente desde la cercanía infinita en un aleteo envolvente. El flujo aéreo los confunde en una noche momentánea. El cielo ordena: es lo que me tranquiliza. Nunca puedes equivocarte, si tomas a la naturaleza como ejemplo. Pienso que es el único mensaje de esperanza de esta triada astral. Nosotros hemos inventado un lenguaje eclipsal casi sin quererlo, o tal vez sí, desde tú boca hasta mi oído. Desde el silencio perezoso de los días, has llenado el vacío con ondas de músicos y poetas, siempre cronometradas en bellas escaletas.
Los dioses estelares juegan unos minutos con los de abajo para bañarnos de luz en días ordinarios.
Rafael, yo he encontrado mi reconocimiento del mundo en este lugar.
No se si estaremos aquí abajo o allá en las Geometrías la próxima vez.
Rafael, al cruzar el parque de las Dueñas, camino de su casa; creyó oír dos movimientos en el aire cerca de la fuente… Y recordó con una sonrisa la frase de un cartel de la radio, «LA VERDAD NO SOLO ESTÁ EN LOS OJOS»




